Lee estas frases:
- «Necesitamos a alguien joven».
- «Mejor una limpiadora».
- «No encaja en nuestro entorno».
- «Es demasiado emocional para este puesto».
¿Son solo descripciones?
¿O ya están generando exclusión?
El lenguaje nunca es neutral.
Lo que parece “normal” o “evidente” a menudo contiene suposiciones y normas implícitas.
Las normas que creamos
Cada grupo, a menudo de forma inconsciente, desarrolla una manera “normal” de:
- hablar
- bromear
- vestirse
- comportarse
Las personas que no encajan en estos esquemas pueden ser:
- ignoradas
- ridiculizadas
- excluidas
No siempre es intencional, pero siempre tiene consecuencias.
El lenguaje como herramienta de poder
Las palabras pueden reforzar las jerarquías existentes o cuestionarlas.
Determinan quién “encaja” y quién queda al margen.
El lenguaje es una herramienta de poder.
Inténtalo de otra manera
Reformula las siguientes frases de forma no discriminatoria:
- «Necesitamos a una persona joven».
- «Mejor una limpiadora».
- «No es apto para el trato con el público».
Hazte la siguiente pregunta:
¿Qué necesidad real estás intentando expresar?
¿Se trata de experiencia? ¿Estilo de comunicación? ¿Habilidades interpersonales?
Nombrarlo con precisión permite evitar simplificaciones y prejuicios.
Las palabras tienen consecuencias
- refuerzan estereotipos
- construyen expectativas
- influyen en las decisiones
La forma en que hablamos de las personas influye en sus oportunidades: en una entrevista de trabajo,
en el equipo y en su desarrollo profesional.
Prestar atención al lenguaje no es una formalidad.
Es una responsabilidad profesional.