Las palabras no solo describen la realidad
Las palabras no son una herramienta pasiva. No son únicamente un reflejo del mundo que existe independientemente de ellas.
También lo co-crean.
Cada frase pronunciada, cada texto, cada narrativa es un acto de dar significado.
Es una elección. Y esa elección, aunque parezca neutral, nunca lo es.
Las palabras tienen poder de acción
- Incluyen – dan espacio, reconocimiento y visibilidad.
- Excluyen – quitan la voz, marginan, empujan a la periferia.
- Legitiman – otorgan el estatus de norma, hacen que algo parezca “natural”.
- Desvalorizan – reducen la importancia, quitan valor y dignidad.
La forma en que hablamos de las personas, los fenómenos o los acontecimientos influye en cómo son percibidos,
y en consecuencia, en cómo son tratados.
Incluso sin intención
No hace falta intención para que las palabras actúen.
El lenguaje lleva consigo historia, contexto y supuestos implícitos.
Al repetir ciertos patrones, los reforzamos, a menudo de forma inconsciente.
Por eso, la atención en el uso del lenguaje no es una limitación.
Es una herramienta de acción y cambio.
Porque las palabras son acción
No solo describimos el mundo.
Lo nombramos, y al nombrarlo, lo moldeamos.